Nos gusta la fotografía, el dibujo, la pintura, la poesía y la literatura. Nos gustan los libros y nos gusta hacer libros.  Nos gusta que tengan lomo, tapa dura o blanda, que estén cosidos con hilo o con alambre (cuando están pegados nos gustan un poco menos, pero nos gustan igual). Nos gusta que tengan olor a tinta cuando los abrimos por primera vez y que, con el tiempo, se pongan amarillos.

 

Nos gusta acomodar los libros en la biblioteca y que los demás la husmeen para saber más sobre nosotros. Nos gusta tener los estantes atestados de libros y, cuando ya no entran allí, guardar en cajas los que menos nos representan. Nos gusta usar los más gordos para construir una tarima, los más pesados para prensar matambre y los más finitos para nivelar alguna mesa.

Nos gusta prestar los libros que ya leímos, aunque algunos no nos los devuelvan. Nos gusta comprarlos en las librerías y charlar con los libreros. Nos gusta heredarlos de algún abuelo y que nos los regalen en nuestro cumpleaños.

Nos gustan las tabletas, algunos libros electrónicos, los teléfonos celulares de última generación y las infinitas formas nuevas de comunicarnos. Y nos sigue gustando ver las películas en el cine, escuchar música en un equipo de audio, mirar fotos en un tamaño que nos permita apreciarlas y leer los libros en papel.